Me hubiese gustado que Manaos se llamara ‚ÄúLas Cataratas‚ÄĚ

Me hubiese gustado que Manaos se llamara ‚ÄúLas Cataratas‚ÄĚ
Me hubiese gustado que Manaos se llamara ‚ÄúLas Cataratas‚ÄĚ

As√≠ lo afirm√≥ Orlando Canido, due√Īo de la popular ‚ÄúManaos‚ÄĚ y que irrumpi√≥ en casi todas las g√≥ndolas argentinas gracias al ‚ÄúVAMOS MANAOS‚ÄĚ!.

En una entrevista con revista apertura, Canido relata el secreto del √©xito, ‚ÄúYo invent√© todo. La marca, los guiones de las publicidades, todo ¬ŅVieron el ‚Äú¬°Vamos, Manaos!‚ÄĚ? Yo dije c√≥mo ten√≠an que hacerlo. Porque no es un ‚ÄúVamos Manaos‚ÄĚ t√≠mido ¬°No! Es un ‚Äú¬°VAMOS MANAOS!‚ÄĚ, asegura.

Ante la pregunta que todos querían conocer, sobre la elección del nombre o los detalles poco conocidos por todos, es uno de los más intrigantes.

‚ÄúMe arrepiento hasta hoy del nombre‚ÄĚ, dice durante un alto del recorrido junto a la nueva l√≠nea de producci√≥n. Ah√≠ mismo se fabrican 35 mil botellas por hora y 40 mil son etiquetadas en el mismo tiempo. Pero Canido, datos t√©cnicos de por medio, no esconde ning√ļn secreto sobre el origen de la marca ni de su nombre. ¬ŅPor qu√© se llama Manaos? ¬ŅEs brasilera?.

Primero lo primero. Hay que saber que Canido, antes de ser el due√Īo de Manaos, tuvo una f√°brica de soda y luego distribuy√≥ gaseosas de diferentes marcas. Estuvo 30 a√Īos haci√©ndolo y, entre sus logros, resalta uno. ‚ÄúImpuse una marca a la que le compraba la producci√≥n y la distribu√≠a. Se llamaba ‚ÄėSao‚Äô. Era el a√Īo 2000 y, como hab√≠a muchos productos importados, la gente cre√≠a que era brasilera‚ÄĚ, empieza el relato.

Sin embargo, el due√Īo de Sao decidi√≥ salir a vender por su propia cuenta y corri√≥ a Canido del recorrido. ‚ÄúTom√≥ la decisi√≥n de no venderme m√°s productos a m√≠ ‚Äďpese a 10 a√Īos que trabajamos juntos- y salir a vender √©l directamente‚ÄĚ, rememora, mientras la m√°quina sigue sacando una botella tras otra.

Canido se sinti√≥ dolido y quiso virar hacia otra pasi√≥n que tiene: el campo. ‚ÄúMi idea era poner caba√Īas de Aberdeen Angus colorado y de caballo criollo. Me compr√© todo para armarla y mi conciencia no me dej√≥. Empec√© a decirme a m√≠ mismo que era un cobarde, que me hab√≠a ido al campo a esconderme, que no quer√≠a ver la realidad, que me hab√≠an sacado del negocio‚ÄĚ, dice. ¬ŅEntonces? Canido vendi√≥ las 1700 vacas y los otros tantos caballos criollos en un solo d√≠a. Todo el dinero fue a la empresa. Pero‚Ķ ¬Ņqu√© nombre ponerle?

‚ÄúYo ten√≠a que competir con la misma marca que hab√≠a impuesto. Entonces le puse ‚ÄėManaos‚Äô, porque tambi√©n parec√≠a brasilera. Maldigo la hora en que se me ocurri√≥ Manaos. Le hubiera puesto ‚ÄėEl Pampero‚Äô o ‚ÄėLas Cataratas‚Äô, qu√© s√© yo, pero no hab√≠a ninguna intenci√≥n de internacionalizar la marca‚ÄĚ, cuenta y destapa todos los misterios que hab√≠a en torno al nombre.

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